299.- Oh, mi
Dios,
Autor:
Guillermo Camarelles Diana
Haz que
el velo caiga,
que la luz muestre lo que es real,
que el amor a la tierra valga,
y en su abrazo encontremos caudal.
Ella nos cubre con su manto,
nos nutre el cuerpo y el ser,
protección sin quebranto,
antes que todo deje de crecer.
En altos
misterios de fe pura,
yo amo tu llama, tu claro ser,
yo amo la vida que me asegura,
te siento en la altura nacer.
Tu hermosura brilla sin fin,
con faros de luz tan serena,
gobiernas en el confín,
y mi alma tu gracia llena.
Mi Dios
no dejes caer,
nuestro hogar terrenal,
el Sol de justicia ver,
que no sea al final.
Que no se apague la luz,
de vivir con gozo y paz,
lleva nuestra cruz,
y que la vida nazca audaz.
Aquí mi
Dios la vida da,
con días de encanto y luz serena,
y yo a mi edad hallo sin par
tan poco ya, y tanto por ver.
Por mirar queda el mundo fiel,
por ver aún un vasto cielo,
mi corazón desea aquel
saber que rompe todo velo.
Siempre
te llevo dentro de mí,
te quiero con alma y fe,
te amo, creo en tu centro,
que el mal se aleje de ti.
Que el egoísmo se vaya,
la codicia no florezca,
que el humano se despoje,
de esa sombra que lo acecha.
Que la
fuerza estelar nos guíe hoy,
sobre tierra y mar que el daño fue,
con la voluntad que nunca rehúye,
mostrar el alma con clara fe.
Que el reparar sea el nuevo aliento,
dar humanidad sin reparación,
siempre contigo en este intento,
que la fuerza estelar nos guíe hoy.
Sobre tierra y mar que el daño fue,
con la voluntad que nunca rehúye,
mostrar el alma con clara fe,
que el reparar sea el nuevo aliento.

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